Dicen que el alma pesa 21 gramos. Que, al morir, nuestro cuerpo experimenta una súbita pérdida de peso. A Cándido, sin embargo, le pasó lo contrario. En el momento en que la máquina indicó que sus constantes eran más constantes que nunca, la camilla crujió y se desplomó en medio del quirófano. Había ganado 21 kilos. Ninguno de los atónitos presentes adivinó que aquel individuo era un ladrón de sonrisas, que se había dedicado a robarlas durante toda su vida y que ahora, finalmente éstas se cobraban su venganza.
martes, 28 de julio de 2009
LAS SONRISAS DE CÁNDIDO
Dicen que el alma pesa 21 gramos. Que, al morir, nuestro cuerpo experimenta una súbita pérdida de peso. A Cándido, sin embargo, le pasó lo contrario. En el momento en que la máquina indicó que sus constantes eran más constantes que nunca, la camilla crujió y se desplomó en medio del quirófano. Había ganado 21 kilos. Ninguno de los atónitos presentes adivinó que aquel individuo era un ladrón de sonrisas, que se había dedicado a robarlas durante toda su vida y que ahora, finalmente éstas se cobraban su venganza.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario